Déjame acariciar tus pensamientos mientras suena una canción de Arjona, o mientras lees a la Vilariño, y así juntos, unidos en la inmensidad, disimulando este tremendo amor sentimos tu latir en mi latir.
Déjame viajar con vos por los mares, mojar los piés entre las olas, recoger esas caracolas de atardecer, y ponerlas en tu oído, en mi oído, soñar, soñar, soñar de a dos, dos locos testarudos amándose.
Déjame acariciar tus pensamientos mientras el agua de la ducha cae, recorriendo tu espalda, ligera, resbalando entre tus piernas y quedes en mis manos adueñándose de este salpicar salvaje del jabón.
Sin darme cuenta querido amor mío, me fui perdiendo en tu fuego sintiendo la llama encender mi cuerpo, dejándome entregar en toda tu magia lo que soy, lo que siento, mis ansias, y sólo sueño con ese día que ancles tus manos en mis manos...